Mi error: no ser fotógrafo

 

* Texto publicado originalmente en la curaduría “El error en la fotografía” de la plataforma web del Proyecto 1×1, espacio para difundir el trabajo fotográfico contemporáneo. http://proyecto1x1.com/2015/12/18/7830/

 

Sin duda no soy fotógrafo, se podría decir que tampoco fotogénico, pero ese es otro cantar.

Mi relación con el mundo de la cámara es  nefasto. Mi pulso nervioso no me permite sacar una imagen sin que esta se vea movida y la miopía me hace desenfocar casi al propósito.

Esto si hablo únicamente de los  impedimentos físicos. Pero si toco las limitaciones conceptuales,  no conozco los elementos que hacen que una imagen sea una buena foto. Claro que cualquiera puede tomar una cámara o un celular, disparar y argumentar que lo suyo es arte, pero está fuera de la realidad.

Otro de mis impedimentos ha sido una aberración casi patológica a la tecnología, que he aprendido a superar, pero que no me ha dado ese entendimiento de la luz y la velocidad.

Para terminar con este listado de excusas, sólo me falta revelar que compré una cámara Sony semiprofesional que abandoné en la casa de mis padres y que hasta hace poco recolectaba polvo en un armario.

 

Pero no escribo este ensayo únicamente para dar pretextos, sino para precisar uno de los errores que los que no somos fotógrafos cometemos en la vida cotidiana.

Antes, a través del ejercicio de la escritura,  me daré un espacio para aclarar  mis ideas sobre este arte y de qué manera mi formación en literatura me hace apreciarlo.

 

En alguna ocasión, escuché en un taller de narrativa que cierto autor (no quiero decir el  nombre pues no estoy seguro) comparaba la novela con una película, y que por su parte, el cuento podría ser mejor comparado con una fotografía.

Esto llegó a mi cabeza cuando observaba la convocatoria que me hace escribir ahora… me hizo pasar de un terreno en el que no tengo la mínima experiencia a otro en el que ciertas ideas rondan por mi mente.

Parece que el imaginario popular y en ocasiones el supuestamente especializado,  tiene la idea de que un cuento tiene que ser estrictamente breve, por ser un relato que narra un evento  exclusivo, algo así como una escena, mientras que se justifica la extensión de la novela por ser una secuencia de eventos, similar a una película.

Sin embargo esta distinción entre los géneros es más falsa que real, la secuencia de eventos no es exclusiva del género novelístico y un cuento bien armado puede poseer cuantos núcleos dramáticos sean necesarios para lograrse. Asemejándose más a un cortometraje que a una fotografía estática.

Si de todas formas el caso  fuera  que  un   cuento pretende desarrollarse en un sólo  evento,  la realidad es que en un discurso literario el autor se puede tomar la libertad de dar la extensión que él crea necesaria, dependiendo de las intenciones de la obra.

El famoso momento de la magdalena en la obra de Marcel Proust es claro ejemplo, aunque no hablemos de un cuento. Es que quizá  pudiera ser uno por sí mismo, pero no está pensado así.

Otro aspecto que se cree necesario al crear un cuento, es no abarrotarlo de personajes y con una cantidad mínima de ellos crear la acción. El  supuesto precepto es falso tanto en  fotografía como en literatura. Tomas como las de Enrique Metinides  muestran lo contrario. En ellas,, alrededor del motivo de la imagen,  se congregan  ocasionalmente   un sin fin de individuos, sin los cuales no tendrían la potencia que tienen.

Si tuviera que poner un ejemplo, sería la fotografía titulada << EM1-0088-c1940-D14 >> y descrita en la web del  fotógrafo con las etiquetas cadáver niño atropellado bicicleta sangre chismosos mirones. En esta imagen el foco de atención, que es un niño atropellado tirado en el piso junto a su bicicleta, se complementa con la mirada hacia la cámara de alrededor de 27 individuos, en los que podemos apreciar diferentes expresiones y características, desde un chico banda, un obrero, quien parece ser un godínez, niños, niñas, madres, señores y gente oculta  a quienes apenas se les puede percibir. Todos ellos forman parte del fenómeno  que la fotografía intenta retratar, por lo que cada uno es un elemento particular  para  que   funcione el sentido artístico de la fotografía.

Sólo por mencionarlo y sin tener mayor relevancia, esta fotografía es precisamente la que se encuentra en el fondo de pantalla de mi computadora.

La fotografía y el género cuentístico son artes de naturaleza distinta y que se valen de lenguajes y recursos diferentes, por lo que tendrán muchos puntos que no se llegan a tocar.

Aún así, el momento en el que estas dos artes pueden ser comparables, es cuando estas se valen de algo que no sé nombrar,  pero que tiene que ver con esa sensación de que hay  algo  más   qué   contar en lo que percibimos.

Creo que es en realidad la teoría del iceberg o de la omisión de Hemingway la que ilustra de manera perfecta mi percepción. En este pensamiento, el sentido del texto literario no radica en lo que se cuenta, sino en lo que se puede traslucir de las omisiones hechas por el autor.

Así mismo una fotografía no se va a detener a contarnos dónde fue tomada y quienes son los protagonistas de ella, tampoco nos revelará  con  qué sentido fue capturada, sino que  la imagen debe expresar la mera sustancia de lo que su discurso intenta mostrarnos y nosotros descifrar el resto.

Algo así como que la imagen debe mostrar una historia más allá de lo que está captado en la toma.

 

Ahora vuelvo al objetivo de  esto que escribo. Dicen que aprovechar el momento es lo que debemos de hacer en esta vida, pero como no soy fotógrafo, mi sentido de la percepción me hace pensar primero en ese momento en el que me veo inmerso y reflexionarlo con cuidado, no únicamente tomar mi cámara, buscar el ángulo adecuado, buscar la luz correcta y disparar.

Todas las mañanas salgo a prisa de mi casa para no llegar tarde  a mi turno de mesero (¿conocen algún egresado de letras que haga algo distinto?) y paso por una calle de doble sentido con un camellón justo en medio. Con la maleza crecida.

Todas las mañanas saltaba la maleza a prisa o buscaba el camino marcado  por donde habían pisado los otros transeúntes. Nunca le tomé mucha importancia a este hecho hasta que un sábado por la mañana, día de descanso, caminaba sin prisa por el mismo camino de siempre.

Mi sorpresa fue ver una nube de polvo y el zacate a un lado del camellón. Alrededor había niños de ambos sexos, padres y madres, incluso una persona mayor, con machetes y picos. Mi sorpresa era evidente porque incluso me voltearon a ver.

¿Qué se puede contar de esto? No sé, quizá que son vecinos organizados para evitar una congestión de mosquitos de chinkungunya, enfermedad importada que aterroriza la ciudad de Colima, ante los oídos sordos de las autoridades, que creemos deben resolvernos todo.

Al igual que Homero Simpson, que cuando jugando poker le dicen que es lento, lo piensa en su cabeza y al responder ya han pasado varias horas, en la ruta que me llevaba a mi destino me lamenté por guardar esa imagen únicamente en mi cabeza y que ahora trato de fotografiar de esta manera.

 

 

 

 

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Karrie Fransman, dibujos que no son para niños

Un pensamiento recurrente es el de pensar a la narrativa gráfica como un género exclusivamente para niños y cuando se habla de ilustradores que crean literatura se piensa únicamente en los famosos libro-álbum infantiles. No tuve conciencia de que hacía  esto hasta que ya no lo hago,  pero  no sé  si quienes diablos se encarguen de organizar y catalogar los eventos de la FIL se percataron de esto también.

En mi visita de la semana pasada a la Feria del Libro iba en busca de alguna presentación que me diera la oportunidad de hacer un texto más dinámico y atrayente para quienes no leen el blog y la columna donde esto será publicado. El programa de mano que nadie me entregó y que tuve que ir a buscar yo mismo, indicaba algo así como “FIL niños, taller ¿Y cómo se hace una novela gráfica? Karrie Fransman, Pabellón de Reino Unido, 14 hrs”.

“Esta es la oportunidad” pensé. “La literatura para niños vende”, le dije a mi  acompañante.

Llegamos exageradamente puntuales y pudimos presenciar como el staff retiraba a los adultos de los primeros peldaños de la gradería para que dieran lugar a que los pequeños estuvieran más cerca de la autora. La sorpresa fue que Karrie Fransman, la simpática ilustradora de Reino Unido, dejó muy claro que ese no era un evento adecuado para niños por el tipo de contenido que se iba a presentar.

No supe qué pensar  y tampoco qué giro le iba dar ahora a mi texto, por lo que dejé que la duda, mi mejor criterio de selección, hiciera su trabajo.

Karrie, además de ilustración, ha realizado novela gráfica, cómic digital, escultura humorística, fotografía, artículos ilustrados y una gran variedad de narrativas visuales.

Es un acierto que los organizadores de la mega convención piensen un espacio dedicado hacia los niños, pero desacertaron al catalogar temas como la migración de refugiados, la siempre presente tendencia humana a oprimir a los otros  (aunque sea un mínimo), la soledad, la vida posuniversitaria o una compleja construcción ficcional (tópicos de la obra de Fransman) como temas que los pequeños comprenderián.

Lejos de este pequeño error, la plática-taller de Karrie fue bastante estimulante. En ella, enlistó los recursos a los que pueden recurrir todos aquellos que gusten del arte visual, el cómic y derivados. Mostró como los títulos, las burbujas, la tipografía o el color, son elementos expresivos que se pueden explotar con suma creatividad, para  enriquecer y crear un estilo propio en el trabajo de los ilustradores.

Death of the Artist, novela gráfica de la autora, llamó sumamente mi atención por ser un trabajo doblemente ficcional.

Para crear una obra colectiva, una colección de diferentes estilos visuales, Karrie se aisló en una pequeña provincia del norte de Inglaterra con cuatro viejos amigos. Lo particular del caso, es que esos viejos amigos eran realmente actores que la misma autora contrató para así vivir la experiencia y explotar las posibilidades de su creatividad. A cada actor le adjudicó una personalidad y un estilo artístico propio, viéndose ella en la necesidad de colocarse en los zapatos de cinco personas diferentes, cuatro autores falsos y ella misma como artista.

La obra, según la autora, “es un carta de amor para las maravillosas posibilidades de las historias visuales y experimentos con las múltiples formas de la novela”.

Para cerrar su intervención, y lamentablemente de manera apresurada, pues Karrie se extendió en su explicación, activó la imaginación de los asistentes y nos puso a dibujar tres pequeñas viñetas donde un personaje se tenía que encontrar de manera trágica con aquello que siempre había deseado.

Pensé que esa era una buena forma de terminar su intervención y al acabar mis dibujos se los quise regalar. Mi falta de talento me retrasó y para cuando acabé, ya la abarrotaban muchos seguidores igual de emocionados que yo.

Si te interesa conocer más de su obra, visita su página de internet, http://www.karriefransman.com, o síguela en Twiitter o Facebook como nosotros ya lo hacemos.

 

  • Este texto también fue publicado en http://www.perriodismo.com.mx/2015/12/08/karrie-fransman-dibujos-que-no-son-para-ninos/.

Una ficción más de la historia de la nación: Bert Colima

Por Oscar Martínez Rosales

 

*Texto donde se recogen los comentarios e impresiones de la presentación de la obra Bert Colima: el relámpago de Whittier de Servando Ortoll, el pasado 25 de noviembre de 2015 en el Centro Cultural Mexiac.

 

Es curioso el percatarse que ciertos acontecimientos del tiempo pasado parecieran ser sacados de una obra de ficción o de una película. Pero son más que verdad, son Historia.

También me parece sorprendente cómo algunos individuos se crean una identidad tan peculiar, con una nomenclatura que nos puede decir mucho o nada, pero que sin duda tiene un toque de poesía. Parecieran ser personajes de una obra de García Márquez, al estilo del muy célebre Mauricio Babilonia o de Remedios la Bella.

Esto es lo que sucedió con Epifanio Romero, mejor conocido por la historia y el apasionante mundo del boxeo como Bert Colima.

El pasado miércoles se presentó en la capital del estado la obra Bert Colima: el relámpago de Whittier, del historiador Servando Ortoll, que cuenta las peripecias de este sujeto, boxeador californiano, por el andar del boxeo nacional y estadounidense. A manera de homenaje a las tierras de sus antepasados, decidió nombrarse como se nombra al paisaje de palmeras y volcanes del centro occidente de este país.

Esta obra no aborda todo el ciclo vital de este boxeador, sino apenas el momento en que nace y crece como deportista. Con todos los vacíos de indeterminación (como el dato contradictorio acerca de si fue su madre o su abuela quien le contaba las hermosas historias de Colima), pareciera, que el texto se afana en tener un aura literaria, como mencionó la escritora Ada Aurora Sánchez, presentadora de la obra.

 

También los políticos saben crear cuentos, no cabe duda. Claro, no podrían hacer esto sin ayuda de los grandes medios de comunicación. En el famoso recurso de las cortinas de humo y el impacto masivo que generan, veo yo, la construcción de una realidad alterna a la existente, donde reflejamos y calmamos la sed de nuestras deseos y pensamientos más profundos, al puro estilo de la creación artística. Pareciera que Ortoll tiene una fascinación por desentrañar las grandes historias que los medios han ido creando y abrir los caminos de la información y la historia, así sin mayúsculas.

Bert Colima fue el cuento de Plutarco Elías Calles. Mientras la nación se enfrascaba en la lucha entre el clero y el ejército, el entonces presidente de la nación calmó los ánimos del pueblo con un cuento bien contado, donde un boxeador, mitad mexicano, mitad gabacho, peleaba y triunfaba en plazas de toros.

La historia de Bert Colima no se ha acabado todavía, aunque sí su existencia en la faz de esta tierra. Servando Ortoll reveló que para la tercera edición de esta obra (pues la primera fue realizada por La dulce ciencia, editorial mexicana especializada en la historia del boxeo y la segunda es esta que ahora comento) añadirá un par de capítulos que explorarán cómo Bert bajó de la cima, al muy estilo de El Rayo Macoy de Rafael Ramírez Heredia y de la tradición de la literatura sobre boxeadores. Estos, le darán el toque dramático que le hace falta a esta narración para rayar entre la realidad y la ficción.

Un saludo para el dr. Servando, quien posee un toque para distinguir qué historias fueron llevadas o tienen el potencial para llegar a un límite entre la verdad y la mentira, la historia y la literatura.

 

Reportaje sobre la Zoocrisis departamental

Por Oscar Martínez Rosales y R.  D. Sulfato*

– Texto escrito con la intención de ser publicado en un fanzine sobre explotación laboral que nunca se editó. PunkRoutine (zine literario) lo publicó en su página de tumblr. http://punxroutine.tumblr.com/post/132830647333/zoocrisis-departamental-r-d-sulfato

 

*R. D. Sulfato es un seudónimo creado para seguir con la ficción del texto.

 

*

Las grandes y pesadas fábricas se han despoblado, el censo lo confirma; las ruidosas máquinas se empolvan junto a los viejos trabajadores que permanecen. La población laboral ha comenzado una migración, desde el periférico sector donde han sido enclaustradas las industrias, hacia el interior de las ciudades, en una esquina o un punto estratégico. Desfilan sin botas y overol,  portando un bello uniforme color tristeza y un gorro que cubre las miradas. Es la nueva era. Tiendas departamentales, empresas de franquicia nacionales e internacionales.

¡Shopping!

Cuando cambian las circunstancias, cambian los peligros, no se evitan. Lxs trabajadorxs cambiaron la preocupación de ser aniquilados por una maquina o el temor de exponerse a algún agente químico que atrofie sus capacidades, por la intranquilidad que irónicamente viene acompañada de la rutina y la pasividad.

Existe un fenómeno de locura actual que se gesta en aquellos grandes aparadores de las plazas comerciales,  donde se exhibe no únicamente la mercancía y los productos más estériles, sino además, habita una especie  de humanos, aturdidos asalariados, a punto de estallar por el desequilibrado ritmo de la vida diaria y el deseo nunca satisfecho de vivirla. Gastando sus días en un espacio escaso (tres por seis metros), gracias al complejo mundo mercantilizado que no entienden.

Sólo unos días antes de la navidad, estos grandes emporios de la explotación y la tristeza cobraron una víctima más. Como una acción desesperada   por el compulsivo y absorbente consumo de los compradores, un trabajador chino se tiró del cuarto piso de un centro comercial, encontrando un remedio trágico y alivio.

La Zoocrisis departamental, mutación  de la Zoocrisis, enfermedad psiquiátrica que se creía exclusiva de los seres animales es ahora un problema de humanos.  Este padecimiento se genera en las bestias de los zoológicos y de mostrador tras los días de encierro y automatismo.

Es común ver en los animales expuestos  y encerrados, ya sea en un zoológico o en el ámbito doméstico, acciones y actitudes sin sentido, autodestructivas, que rayan en  esquizofrénicas. Un león en Colima giró durante 12 horas en su jaula, sin llegar a ningún lado. Un mono se mordió  la mano hasta llegar al hueso, sentado en una rama de un árbol artificial en Veracruz. Hace días, el pez de la vecina golpeó el vidrio de su pecera, provocando una fractura que derramó el agua, muriendo seco y en silencio.

En los humanos,  actitudes semejantes se han observado en las grabaciones de las cámaras de seguridad de los negocios. Desplantes de ira irracional hacia consumidores que inocentemente  no saben que escoger, crisis depresivas en adolescentes trabajadores del DairyQueen y un suicidio en China.

 

Rodrigo, nombre falso de un trabajador de la franquicia “Burger Street”, nos permitió narrar su experiencia tras experimentar  un ataque, producido por la Zoocrisis laboral.

Rodrigo tiene 18 años de edad y vive en un departamento del distrito poniente de la ciudad, zona de desajustes urbanos y conflictos delictivos por su control. Ha vivido con su tía Vi y compartido cuarto con su primo Gustavo desde que sus padres se marcharon al otro lado. Ya pasaron 8 años desde ese momento y no han vuelto a ver a su hijo o pisado estas tierras. Ellos envían a Rodrigo mensualmente un dinero que lo ayuda con sus gastos, sin embargo hay temporadas en que los expatriados son perseguidos con ferocidad y se enfrentan al problema de subsistir, por lo que lleva año y medio sin recibir nada de su parte.

Se vio en la necesidad de entrar a laborar.

Dedica parte de sus mañanas a ayudarle a su primo Gustavo y escuchar música Hip-Hop que tango le gusta. Después parte rumbo a un turno de 8 horas que finaliza a las 9 de la noche. Tras dos horas de viaje redondo, cena con sus parientes y duerme para iniciar otro día. Cuando descansa, Rodrigo asiste a clases de idiomas con su vecina, quien también estuve en aquel lado. Sus planes son marcharse en cuanto las cosas mejores.

Fue el lunes 17 del mes pasado cuando a Rodrigo le dio el ataque.

“Me levanté cansado de la jornada del día pasado, tan sonámbulo  que por mi cabeza no pasaba nada, cero pensamientos. No me sentía yo, era como una piedra o una pluma. Aún con mi mente en blanco, andando por el camino aprendido, sentía todo diferente, el ambiente, los gestos y las palabras, incluso noté el calor más nefasto”, recuerda el entrevistado.

Rodrigo relató que inició la jornada de manera corriente, observando desde el límite del mostrador (paredes de su encierro) a quienes deambulaban por el complejo comercial, cuando por su mente pasaron cientos de cosas que dice ya no recordar. “Momentos más tarde lloraba incontrolablemente, lamentándome de mí, sin saber cómo es que había llegado ahí sintiéndome así”.

La cámara de vigilancia de la sucursal muestra lo que sucedió realmente: Rodrigo decidió sentarse bajo el mostrador durante 23 minutos, aunque él asegura que sólo fueron cinco. En la videograbación se percibe con perfil cabizbajo y ansioso. Posteriormente se puso de pie para marcharse, gritando palabras indescifrables.

Marcelo Méndez, guardia de seguridad, comentó que no es la primera vez que ve a un trabajador  comportarse así. Las palabras para definir la situación fueron: “No hay de qué preocuparse”. Manuel Airés, gerente de la sucursal, asegura que no es la primera vez que un trabajador suyo actúa de esa manera.

Ahora Rodrigo  ya no trabaja, aunque dos semanas después de la acción el patrón le llamó para que se reincorporara a sus actividades. Rodrigo considera que sus días siguen pasando rápida y agitadamente, quizá como reacción secundaria al ataque.

Sobre su cama o encontramos un libro de poesía y despreocupado confesó que es para tomar inspiración y algún día hacer letras para sus propias canciones.

La Zoocrisis Departamental es un mal que puede presentarse en cualquier trabajador, sin importar edad y sexo. Los ataques son espontáneos e impredecibles. Entre todos los casos Rodrigo resulta un caso especial, pues la mayoría se reportan a trabajadores de mayor edad, por su sobreexposición a la radiación del aire acondicionado y el olor a lavanda de los baños.  

Los especialistas como el Dr. Guijarro, encargado de la unidad de Trastornos Laborales,   afirman que las circunstancias personales inciden, aunque son teorías no comprobadas. Sin embargo para llegar al truene, concepto  correcto y  especializado para referirse a lo que los patrones deciden ignorar, es necesario un factor o un detonador decisivo: ya sea una pelea con la pareja, la noticia lamentable de otra deuda o levantarse un día cualquiera con ánimos renovados y encontrase con un sinfín de sin sentidos.

Aunque la Zoocrisis departamental es todavía un misterio y no se sabe si existan secuelas tras un ataque, los estudiosos de la medicina laboral alertan a la sociedad a alejarse de esos lugares. Ahora, que si nosem puede prescindir de asistir a estos espacios, la recomendación es no crear esperanzas. Las expectativas y la voluntad son parte de la sintomatología, así que prescindirlas  a toda costa mantendrá  a los trabajadores al margen de ella.

Por su seguridad, evite los contagios.

Literatura y sociedad en Colima (siglos XIX y XX)

Conferencia impartida el martes 13 de octubre por el Dr. Carlos Ramírez Vuelvas como presentación de ingreso a la Corresponsalía Colima del Seminario de Cultura Mexicana.

 

Transcripción y edición: Oscar Martínez Rosales.

 

1- Si quisiéramos entender la idea de la realidad o modificarla sólo sería posible en el acontecer del lenguaje.

Esas son las coordenadas conceptuales de mi disertación.

También trataré de situar en un contexto histórico las relaciones entre literatura y sociedad en Colima a partir de algunos resultados de los proyectos de investigación que he dirigido. Por ello, se podrá observar que hay un mayor énfasis en el siglo XIX, época en la que Colima se constituyó como estado.

2- Creo que será muy difícil encontrar un vestigio de poesía escrita en Colima o sobre Colima, antes de Grandeza Mexicana de 1604 de Bernardo de Balbuena. De hecho no tengo conocimiento de una celebración como esta. En Grandeza Mexicana está el primer discurso de literatura colimense después de la conquista.

Bernardo de Balbuena, El viejo, padre del obispo de Puerto Rico que se ofrendó a la poesía, llegó a vivir a Nueva Galicia hacia 1545. Según asegura el historiador José Rojas Garcidueñas, Bernardo de Balbuena tuvo posesiones en la provincia  Ávalos en Izatlán, lugares que en algún momento pertenecieron al Gran Colima, la villa que se extendió por todo el occidente de México, en 1524 y que a finales del siglo XVI se fue desmembrando en pequeñas poblaciones.

A la manera de los humanistas del renacimiento italiano, Grandeza Mexicana es la exposición de una utopía, del surgimiento de esta utopía y de su proyección en un discurso estético. Su forma y ritmo remiten a los tercetos inaugurales de La Divina Comedia de Dante Alighieri. De las muchísimas interpretaciones de esto tercetos, prefiero la que explica que en este momento del poema se alude a la voluntad de conocimiento como ánimo del poeta, voluntad que es en sí misma, el acontecimiento de la aprehensión de la realidad.

En el caso de Balbuena, dejó para siempre en el capítulo sexto de su poema el paisaje tropical de nuestro estado.

3- Es evidente que la relación entre la literatura y la sociedad puede ser analizada desde un enfoque histórico, pero existen pocos proyectos de investigación libros o artículos que aborden este objeto de estudio en el contexto de Colima.

En principio, habría dos conceptos difíciles de resolver que por ahora sólo anoto: literatura regional y cultura escrita.

Ambos los exploré someramente en el artículo “Notas para la cultura escrita en Colima: 1811 – 1910”, que primero publicó con toda gentileza el Dr. José Miguel Romero de Solís y luego reedité en el libro “El oro de las cruces”, editado por la U. de C., donde compilé la mayoría de mis trabajos de investigación sobre literatura colimense del siglo XIX.

Algunos de los datos que ahora expongo son continuación de aquellos textos.

 

Un listado bibliográfico completo hasta 1986, de los libros publicados en Colima, o con información relevante vinculada a nuestro estado  en temas de cultura, lo constituye la minuciosa obra “Bibliografía de Colima: primera parte” de Miguel Romero de Solís.

Por su parte Carlos Pizano y Saucedo en su trabajo “Historia cronológica del periodismo Colimense” de 1973, ofrece un extenso listado de la producción de impresos periódicos, cercano a lo expuesto por el historiador chihuahuense Francisco R. Almada, en su libro “Diccionario de historia, biografía y geografía del estado de Colima” (1939). Pizano y Saucedo enmienda ligeramente algunas omisiones de Almada y añade títulos y nombres sobre esta producción hasta 1973.

El autor hace algunos apuntes sobre las características de los impresos en el siglo XIX que en parte también anunció Almada en su minuciosa obra.

De igual forma son notables las precisiones del historiador Servando Ortoll en su artículo sobre Francisco R. Almada y su versión de la historia temprana de la imprenta en Colima de 1992. En este texto el autor registra algunos aspectos sobresalientes acerca de las primeras gestiones de la industria de la cultura impresa colimense y declara la existencia de material histórico sobre el periodismo de nuestro estado en el archivo de Francisco R. Almada en Chihuahua.

El arquitecto Roberto Huerta San Miguel preparó una investigación en 1988 donde da cuenta de algunas aproximaciones sobre el acontecer de la información en los medios impresos de la época. Este autor consigna los trabajos de Almada y Pizano y Saucedo para desarrollar su estudio y presenta algunas novedades sustraídas de archivos y hemerotecas, puntualizando las curiosidades acordes a la tipografía como las erratas, los errores y la incipiente industria de la publicidad.

Finalmente, en estos trabajos panorámicos se debe mencionar al realizado por el investigador Rogelio De la Mora, quien ha hecho señalamientos interesantes en su obra “Elementos para una historia de la filosofía en Colima” de 1999, donde proyecta la recuperación de los campos culturales desde una visión sociológica.

En su estudio, De la Mora escudriña elementos sobre la creación de estudios filosóficos en Colima, situándose en el contexto  del siglo XIX con la creación del Seminario Conciliar.

A ello se suma un nutrido grupo de intelectuales, que en la valiosa voluntad emprendida con quienes el mismo Rogelio De la Mora considera viejos historiadores, dejaron obras para la  historia cultural colimense.

Cito a Manuel Velázquez Andrade, Juan Oseguera Velázquez, Felipe Sevilla del Río, Carlos Romero Aceves y Miguel Galindo entre otros.

En el caso particular del estudio de las letras colimenses, los esfuerzos emprendidos sirven para editar más investigaciones que establezcan una historiografía confiable. Con la revisión de artículos, ensayos o reseñas, que muestren una versión de lo sucedido en la literatura colimense, nos enfrentamos a la falta de una infraestructura cronológica  que recupere la recepción,la crítica o los comentarios de nuestras letras.

De cualquier forma, no es una carencia exclusiva. Como sucede  mayoría de las veces en las letras mexicanas, la elaboración de análisis, interpretación y crítica de las letras de nuestro país, por lo general se registran en el establecimiento de antologías literarias.

La primera selección de literatura colimense de la que se tiene noticia en el siglo XX es la “Antología Poética” Colimense de Rigoberto López Rivera. El trabajo se limita a coleccionar textos de poesía. En buena medida, este documento ha sido esencial para la fundación del canon de las letras colimenses del siglo XIX  recuperar algunos nombres de escritores que en lo sucesivo se han considerado fundamentales, como Arcadio Zúñiga y Tejeda, Balbino Dávalos, Gregorio Torres Quintero, Pedro Rafael martínez Rubio, Carlos Calvillo, Sen Suárez Pérez Juan Urzua, Santiago Barbosa, entre otros.

A este trabajo siguió el artículo “100 años de literatura en Colima”, escrito por Víctor Manuel Cárdenas para la revista Barro Negro, en el que también ofrece algunos datos sobre la producción literaria del siglo XIX colimense. En esta revisión estadístico empírica  destaca la inquietud de las primeras inquietudes críticas a las letras decimonónicas, a pesar de que se define a ese siglo como casi un vacío total para las letras colimenses.

En muchos sentidos, “Los decimonónicos”, antología poética colimense del siglo XIX de Rogelio Guedea, es fundadora en los estudios de la literatura de la época. El autor añade a su trabajo de selección un prólogo donde expone sus herramientas de trabajo y algunas pistas para entender las expresiones culturales decimonónicas.

Otros documentos parciales para revisar la literatura del siglo XIX son biografías, como las que han elaborado Francisco Hernández Espinoza sobre Filomeno Bravo, Grace  sobre Balbino Dávalos, Cristóbal Rodríguez sobre Miguel Galindo, Alejandro Rodríguez sobre Gildardo Gómez, Miguel Galindo sobre Jorge  y Jesús Urzúa, Gerardo Hernández Corona sobre Torres Quintero , Ricardo Romero Aceves sobre maestros colimenses y Dante Medina sobre Carlos Zúñiga.

Sobre la historia de la literatura colimense del siglo XX existen algunas antologías que además de ofrecerles a los lectores piezas claves de nuestras letras, presentan generalidades sobre la evolución de la literatura regional.

Anoto los nombres sobre siete antologías:

“Antología poética” de Rodolfo Rivera; “13 cuentistas y narradores” de Daniel Moreno;  “Lecturas de Colima” de Víctor Cárdenas; “Colima en el camino de la literatura” de Pablo Serrano; “Poesía colimense del siglo  XX”, documento inédito de Gloria Vergara; “Toda la mar:  la presencia de la mar en la poesía colimense”, antología temática de Verónica Zamora; “Colima en letras: antología de textos de autores colimenses para el fomento a la lectura” de Rubén Martínez González.

Algunos escritores e investigadores han tratado en diferentes momentos y con diferentes logros, ofrecer otras pistas sobre literatura colimense en el siglo XX. Ada Aurora Sánchez y Marco Antonio Jauregui han colaborado de manera estrecha para recuperar la obra de Agustín Santa Cruz. Además de manera reciente se han propuesto recuperar el ambiente literario de la década de los treinta en Colima, un proyecto que también se sumará a los esfuerzos que ha realizado la misma doctora Ada Aurora, para registrar los matices del paisaje en la poesía colimense y anotar algunas características de nuestro campo literario, además de profundizar en la figura y obra de  Griselda Álvarez.

Son temas parecidos a los expuestos por la poeta Guillermina Cuevas, quien también recupera características del contexto cultural que va de los treinta a los cincuenta, con especial detenimiento en la figura de la poeta  Cuquita Morales.

Por su parte la Dra.  Lilia García Peña escribió un extenso artículo para reflexionar sobre la presencia de figuras mítico simbólicas en la poesía colimense y en este mismo sentido el profesor Víctor Gil Castañeda ha realizado una importante labor por registrar características generales de las letras del siglo XX en Colima.

Otros como Víctor Manuel Cárdenas, Héctor Briseño, Rogelio Guedea, Octavio Romero o Avelino Gómez Guzmán, han escrito textos con intenciones de identificar matices en las generaciones literarias, particularmente después de la década de los sesenta y hasta los ochenta del siglo pasado sin que hasta el momento se haya concretado una historia de la literatura regional.

 

Por lo pronto recupero mi propuesta de periodización de la literatura colimense del siglo XIX.

Existen varios estudios para fundamentar este método de la periodología como estrategia de historia de la literatura, yo doy tres de mis fuentes: Carlos García-Bedoya en “Para una periodización de la literatura peruana”; Jan Mukarovsky en “Arte y semiología” y Raimundo Lida en “Letras hispánicas”.

El primer periodo iría de 1811 a 1835, de la Independencia a la integración política del occidente mexicano. En este periodo se incluye la lectura del periódico “Despertador americano” de 1811 de Miguel Hidalgo y Costilla, impreso en Guadalajara y su relación con los independentistas de occidente, José María Gerónimo Arzac y Leandro Bravo.

Se debe considerar  la llegada de la imprenta a Colima en 1824 y la aparición del primer periódico de nuestro estado, “El observador de las leyes” de ese mismo año, de Ramón de la Vega y Ramón Fajardo,  y los otros impresos que ellos realizaron , “El popular” en 1833 y “La unión” de 1834.

También se pueden incluir las declaraciones de Anastasio Brizuela, sumamente literarias, en su búsqueda por independizar a Colima de la influencia de los gobiernos de Jalisco y Michoacán.

El segundo periodo iría de 1836 a 1857. Comienza con la separación del occidente y el reconocimiento como estado libre y soberano, me refiero a la separación política. Comienza con la constitución de la primera Comisión legislativa de institución Pública, el antecedente a las secretarías de educación pública.

La primera comisión que aparece en 1936 y que obliga a estudiar la biografía de profesores y escritores como Ramón de la Vega, Refugio Barragán de Toscano, José Orozco, Martín Riechi, Bruno García, Manuel Álvarez Palencia, Emilio Riesta, Sixto de la Vega y Clemente Villaseñor.

Culmina con la participación del grupo liberal de Colima en la  escritura de la Constitución de 1857.

De 1858 a 1880, de la lucha ideológica de la unidad nacional a las primeras revistas de autonomía literaria. Se debe analizar el caso de los intelectuales que favorecieron el arribo de la intervención francesa, como los hermanos Ignacio y Remigio Rodríguez, además de Benito García y Tomás Sánchez, contra los intelectuales de la defensa de la identidad nacional.

Los casos de 3 editores viajeros como Francisco Eulogio Trejo, Irineo Paz y Arcadio Zúñiga y Tejeda, del mismo modo que el colimense Filomeno Medina. También se atenderá la aparición de la prensa oficial, “La aurora del progreso del estado de Colima” y su estrecha  relación con Gildardo Gómez, la  aparición del Liceo de varones en sus diferentes etapas de gestación (1862, 1874, 1876) y finalmente la aparición de las primeras revistas que son evidentemente literarias, “El tiempo” de 1870, “Revista literaria” de 1873, “La unión colimense” de 1874, “La violeta”, “La linterna de Diógenes” y “La voz del pacífico”.

De igual forma, se podría discutir la conformación de un segundo momento que aborda la llegada de los empresarios extranjeros, quienes dejaron muestras de expresiones culturales y coadyuvaron a la determinación de Colima como un estado soberano.

De 1880  a 1911, que comienza con la extraordinaria primera generación del Liceo de varones y continúa con la caída del Porfiriato y concluye en la separación simbólica de los grupos de literatos y los grupos políticos. El análisis comienza con Balbino Dávalos y Torres Quintero además de esa generación que participó en el diseño urbano del Colima moderno.

Podemos comentar de sociedades, clubes y asociaciones con intereses culturales como la “Sociedad literaria” que presidió Enrique De la Madrid, “El renacimiento” que dirigieron Miguel García y Manuel Rivera, la “Sociedad mutualista Benito Juárez” en Manzanillo, entre otras y una serie de revistas  que aparecen con un énfasis y una periodicidad, dedicadas de lleno a la difusión de la literatura.

Este punto culmina con el intento fallido de Torres Quintero por ocupar la gubernatura del estado, que simbólicamente representa esta división definitiva entre los grupos intelectuales dedicados a la autonomía cultural y a la propia difusión cultural, frente a la construcción de grupos políticos.

 

Para concluir quiero apuntar un par de párrafos. En los momentos de mayor trascendencia social y cultural de la historia de nuestro estado, la literatura siempre ha tenido un lugar preponderante  como el acto explosivo, llamado así por Emmanuel Carballo, que propició el acontecimiento de un canon genuino.

Sucedió cuando los editores liberales como Irineo Paz, Arcadio Zúñiga y Tejeda y francisco Trejo, estuvieron en Colima participando en las gestas intelectuales  con conservadores como Ignacio y Remigio Rodríguez a principios del siglo XIX, quienes definieron la identidad política de Colima, o cuando la generación del Liceo de varones donde desfilaron Balbino Dávalos y Torres Quintero, ayudaron a la definición de la capital urbana de nuestro estado, o incluso de manera más reciente, la llegada de Miguel de la Madrid a la presidencia de la república apoyado por el grupo intelectual que fundó “Cuadernos americanos” y el Fondo de Cultura Económica, ambas instituciones fundadas por el polígrafo Alfonso Reyes. Esto sólo por hablar de hechos fundamentales para la cultura colimense.

En los dolorosos momentos en los que vive Colima y México, sería fundamental el reconocimiento social  a  la literatura como el primer movimiento en la gestación de otro acontecimiento que nos permita construir una mejor sociedad.

El primer pacto para propiciar esa transformación fue revalorar la voluntad poética inmanente al hecho literario. Estoy convencido de que no hay experiencia de mayor vitalismo que la práctica del oficio de la literatura y que en las condiciones socioculturales de la actualidad sólo a través de la literatura podremos acontecer una sociedad más justa para todos.

¡Qué mala onda, se fue Gustavo!

Texto publicado el 13 de agosto del año 2015 en la columna quincenal de Colectivo Katharsis enhttp://www.Perriodismo.com. El siguiente fue un texto hecho para presentar además la obra de Gustavo Sainz en La Casa del Archivo Histórico del Municipio de Colima.

 Oscar Martínez.-

El siguiente texto no hubiera sido escrito de no ser que el pasado 26 de junio falleció uno de los eternos muchachos de la literatura nacional, Gustavo Sainz. Estas palabras no son un recorrido extenuante por su obra, ni una carta de despedida o palabras fúnebres. Son apenas el esbozo de una semblanza a un periodo histórico cargado de significado y un novelista que escribió como resultado de esta.

Tras el final de la segunda guerra mundial, las relaciones que mediaban el mundo en esa mitad de siglo sufrieron un proceso de constante cambio. Las décadas siguientes fueron testigos de un sinfín de acontecimientos históricos y descubrimientos tecnocientíficos que marcaron el paso de un camino de reconocimiento propio y ajeno. Su proyecto de

Los grandes bloques socialistas y capitalistas ampliaron su influencia global y se enfrascaron durante décadas en una lucha ideológica y de constantes amenazas bélicas. El triunfo de la revolución cubana, la guerra de Vietnam y la oposición a ella, entre otros resultantes de la guerra fría, ejercieron una influencia ideológica en los movimientos civiles y artístico-culturales venideros.

La década de los sesenta del siglo pasado fue ese periodo que vio los cambios más grandes del siglo XX. Es en estos momentos cuando vieron luz diversos movimientos civiles, protestas de diversos órdenes, conflictos armados y en general una serie de redefiniciones identitarias, culturales y políticas de múltiples sectores sociales y comunidades.

E.U. fue semillero de estos movimientos. A la par, naciones de Europa como Inglaterra y Francia, y diversos países de Latinoamérica, que por supuestamente incluyen a México, contaron también con fenómenos de la misma naturaleza. Las Panteras Negras, partido de la comunidad afroamericana en E.U, fundado en 1966, es sólo un caso de muchos otros movimientos que luchaban por el derecho a una participación más libre y activa en el tejido social y político, esto, como resultado de una redefinición de su condición.

El que hacer de estas y otras minorías, fueron un paso hacia el fin de años de desvaloramiento.

Los jóvenes fueron también una comunidad muy activa en este paisaje de cambios. En los años cincuenta la generación Beatnik dio el primer paso de la fuerte corriente contracultural que Estados Unidos vería nacer. Con rebeldía, los beat hicieron rápidamente una revolución al ambiente cultural norteamericano.

Posterior a ellos, y casi como herederos de la cultura beat, surgieron los llamados Hippies, jóvenes que desafiaban los valores familiares y convenciones nacionales junto con el Rock and Roll, género que por su naturaleza y origen rompe con los estigmas de clase y de raza. La lucha de este nuevo grupo de jóvenes fue una especie de lucha no organizada, más bien recreativa. Sin embargo, simbólicamente desafió el status quo de lo que supuestamente eran los intereses y aspiraciones individuales.

Algunos otros jóvenes hippies, interesados en el quehacer político de manera más formal, pasaron a formar parte de la creciente nueva izquierda.

El hippismo y el fenómeno de la música Rock and Roll se repetirían en México gracias a la penetración cultural que se promovía a través de los grandes medios de comunicación: televisión, radio y cine, entre otros. Estos grandes aparatos de difusión ideológica harían llegar a los jóvenes otras alternativas de consumo cultural, en las que encontrarían la adecuada para hacerse escuchar.

En estos momentos México pasaba por una aparente etapa de estabilidad económica y comercial y el gobierno era portador del discurso del desarrollo. Sin embargo, había contradicciones entre una sociedad que en gran parte era aún tradicionalista, pero ya deseosa de apertura y democratización.

En la escena cultural y artística del momento la Revolución Mexicana hacía sentir todavía sus consecuencias. Por otro lado, los artistas y su arte celebraban una imagen del poder ya no ideologizada pero no por ello menos autoritaria.

Es en este momento, en ese círculo y contra estos valores, que diversos jóvenes seguidores del rock, experimentadores por naturaleza y con espíritu rebelde, salen a escena con el impulso por narrar su experiencia.

La llamada generación de la Onda fue un fenómeno nuevo y significativo para México y el primero de su tipo en Latinoamérica. Fue inédito observar a escritores jóvenes de clase media que utilizaban su lenguaje y narraban sus espacios, desafiando a las convenciones artísticas y culturales de la nación.

Utilizaban el lenguaje coloquial como pretexto para jugar y experimentar con todas las posibilidades que este les concedía, de igual forma supieron combinar elementos de la llamada alta cultura y de la enorme cultura de masas, referencias a realidades extratextuales compartidas, experiencias y situaciones reconocibles para su generación.

Tachados de híbridos, la pretensión de estos escritores fue subvertir las formas tradicionales del relato.

De ellos destacan tres: Parménides García Saldaña, José Agustín y Gustavo Sainz. Es de este último a quien se le dedican las siguientes líneas. Este, el segundo ondero que se nos va, autor de Gazapo,Obsesivos días circulares, La dama del palacio de hierro, entre otras obras.

No es apropiado pretender abordar Gazapo, su primer obra escrita, para intentar calificar el total de su producción. Sería injusto para los años de trabajo y las horas de escritura invertidas. Sin embargo, Gazapo es sin duda la novela que colocó a Sainz en la cima, pues la fórmula le funcionó: ser joven.

La intención de Gazapo era simple, llenar un vacío temático de la literatura mexicana, que la literatura se acercara a entender el universo de la juventud y que lo hiciera con esa actitud de experimentación y atrevimiento que caracteriza siempre a las nuevas generaciones.

La apuesta de Sainz fue un tiro ingenuo pero no despistado. En el año de 1965 por fin sale Gazapo, obra que dividía opiniones pero que no dejaba a nadie sin un comentario: híbrido, malinchista, descuidado.

¿Qué poseía aquella novela que atrapaba a los lectores pero hacía chistar a los críticos?

Personajes y lenguaje fueron los elementos que cautivaron a un público que se sentía identificado con Menelao y sus amigos, con su mundo y la forma en el que lo expresaban. “Gus Sainete…”, como dice Agustín, “… es experto en el habla coloquial… la maneja con precisión y la vuelve intensa materia literaria”.

A su vez, la voz narradora, que transita del relato de un presente por una voz en primera persona que parece no estar segura de muchos eventos y prefiere suponer, hacia los escritos del diario de unos de los personajes femeninos, o hacia las grabaciones del personaje principal, rompió con los modelos de narración nacionales.

En Gazapo, el acto de narrar se convierte en uno de los acontecimientos del relato, pues Sainz logra componer una fábula que se desconstruye y se autocontradice, dependiendo de quién o a través de qué se cuenten los hechos.

José Agustín diría que “Lo que ocurre siempre es muy relativo… es una versión que después alguien cuenta de otra manera; o se trata de grabaciones o diarios hechos por Menelao, Gisela o alguno de los metiches personajes; si no, se trata de una narración de cuarta o quíntuple generación…”

Para el momento de la publicación de su primera obra, Gustavo Sainz ya poseía una capacidad intelectual y narradora espectacular, conocía las diferentes formas de hacer relato y por eso se dio facilidades para romperlas. Fueron sus lecturas las que le otorgaron esta herramienta: Ernest Hemingway, William Faulkner, Norman Mailer, Truman Capote, Hans Magnus Enzensberger y muchos más, entre ellos Simone Weil.

Sainz siguió perfeccionando su técnica de narración y la forma de abordar el lenguaje cotidiano, urbano y popular para llevarlos hacia otros lugares. Sin embargo, entre Gazapo y Obsesivos días circulares se observa una intención de maduración de objetivos y de experiencias.

El éxito y la confianza como escritor no hubieran sido posibles, dice Sainz en una entrevista a Elena Poniatowska, sino hubiera sido por la recepción que Gazapo tuvo en naciones extranjeras: dos editoriales francesas, Calman Levy-Flammarion y Lafont, se disputaron los derechos de Gazapo y la Twentieth Century Fox quiso filmarla, después de que la publicara la misma editorial de Pablo Neruda y Carlos Fuentes en Estados Unidos.

Conocía el medio y sabía cómo darse empujones publicitarios. Asistió a programas de radio y televisión para presentar su obra y nunca tuvo miedo a la publicidad ni a presentarse como escritor.

Gustavo decidió salir del país luego de que el gobierno mexicano se sintiera aludido en un supuesto párrafo ofensivo. Pocas veces volvió a México tras emigrar a E.U. Aunque intentó seguir teniendo el impacto que tuvo Gazapo y sus obras posteriores, no lo logró.

Dice Avilés Fabila que su alejamiento de México lo hizo menos popular de lo que fue cuando publicóGazapo. “A menos que se tenga, como Fuentes, un gran talento literario y un amplio sentido publicitario, en México funciona el refrán de que santo que no es visto no es adorado”.

Es por esto que Sainz murió sin el cobijo del público nacional, sus obras escritas del otro lado de la baya no han recibido atención especial y su figura en el panorama literario ha quedado reducido a únicamente a tres obras. De no ser por el anuncio de un medio estadounidense, la noticia no hubiera llegado a México.

Aún mejor que estas palabras, la forma de recordar a Sainz es leyendo su obra y acercarse a sus textos. Por eso, termino invitándolos a la lectura de la obra de Gustavo Sainz que se realizará el próximo lunes 17 de agosto al punto de las 8.30 PM, en La Casa del Archivo Histórico del Municipio de Colima (Independencia #79, centro).

4 puntos sobre “Artífices y avatares” y el crimen de Los Tepames

Texto escrito para la columna quincenal de Colectivo Katharsis en http://www.Perriodismo.com. El texto fue escrito a partir de la presentación de “Artífices y avatares” de Servando Orttol en La Casa del Archivo Histórico del Municipio de Colima.

Oscar Martínez.-

“El crimen de Tepames me enseñó una gran lección: que en México la historia y la política están mucho más imbricadas de lo que a simple vista parece…”, Servando Orttol.

Es difícil desenredar los argumentos y concluir la disputa de un crimen en el que los actores más sobresalientes de la historia nacional y regional se vieron involucrados. La falta de información, la censura y el polvo que los años dejan sobre el interés, hace más ardua una tarea que desde el principio no era fácil.

El historiador se ve en la necesidad de pensar en pasado. Es decir, pensar en principios de 1900, como el Colima de la época. Además, pensar como un individuo o como dos, como campesino, como político, como autoridad; pero al final, pensar como el que escribe hoy sobre el pasado, con miras a ser leído en el futuro.

Tras el trabajo pericial de buscar la pista en los relatos y documentos, el que se dedica al oficio del tiempo debiera actuar menos como un juez que sólo transmite sus posiciones subjetivas y defender una historia íntegra, sin actuaciones buenas o malas.

Con sus palabras, el historiador debe limar lo que el tiempo ha dejado irregular y oculto, como un lente reconciliador. El sentido de la historia depende presente, más que del pasado, diría Todorov.

El famoso crimen de Los Tepames fue un asesinato ocurrido a inicios del siglo XX en la comunidad de Tepames, antes San Miguel de la Unión. Los hermanos Suárez, niños como lo revelan las fotos, fueron ejecutados a manos de 2 policías rurales y Darío Pizano, el entonces director de la policía en el estado. Según cuenta versiones anteriores a las de Servando Ortoll, el autor intelectual del crimen fue el ex-gobernador del estado, Enrique O de la Madrid.

A diferencia del silencio que guardaron los medios colimenses en el caso, medios de Jalisco y Guadalajara se interesaron a tal grado, que un asesinato cometido en un estado pequeño y aislado del país, llegó a ser tema de circulación nacional.

J. Trinidad Alamillo, dueño de La Gaceta de Guadalajara, tomaría el crimen para hacer una campaña mediática en contra de la injusticia y la violencia del profiriato. Otras versiones e interpretaciones indican que tomó el caso para así lograr una campaña de desprestigio hacia el entonces presidente del estado y poder acceder al puesto.

El impacto mediático terminó por ocultar la verdad sobre los hechos, enfocando la totalidad de la opinión pública sobre Darío Pizano.

A continuación, 4 puntos y reflexiones surgidas por la presentación del libro de “Artífices y avatares” de Servando Orttol, obra censurada por más de 25 años debido al involucramiento del abuelo del ex presidente Miguel de la Madrid, en un crimen de repercusiones nacionales.

4 PUNTOS

1 – Que sea un hecho histórico no le resta potencial dramático y ficcional al caso, más bien le suma. Como indica la contraparte de la publicación, pareciera que el momento pedía ser narrado por generaciones, la carga dramática de los hechos pedía ser conservado por la historia. Y así fue cumplido.

“Artífices y Avatares” rescata el dramatismo del crimen para añadirle objetividad al esclarecimiento del hecho. El ritmo y rigor de la investigación histórica no es impedimento para que Servando Ortoll se detenga a llenar de un sin fin de párrafos con buena pluma a sus textos.

Por otro lado, no hubiera podido imaginar que las comunidades, calles y rincones de Colima pudieran convertirse en escenario de una historia de policías, balazos y disputas.

“El Crimen de Los Tepames” del escritor Rogelio Guedea es una simbiosis temporal que mezcla acontecimientos históricos reales con elementos culturales actuales en un Colima moderno, además la narración cuenta con un tono del tipo novela negra, ritmo sencillo que media entre policiaco y crónica. Esto crea la ambientación necesaria para que el hecho, entre histórico y ficticio, se desarrolle con suspenso.

Ya antes, en 1909, el autor austuriano Emilio Rodríguez Iglesias había escrito otra obra igualmente titulada como “El Crimen de Los Tepames”. Aunque más parecida a una crónica/reportaje con tintes políticos sobre los acontecimientos del asesinato, el autor no cesó de agregar elementos fantasiosos como la supuesta brutalidad de Darío Pizano.

No hay límites para la creatividad.

2 – Como no se hace justicia cuando se debe, la Historia tiene que hacerla por su cuenta. El tiempo es el recurso más valioso con el que cuenta. Sin embargo, pensar que la justicia sólo condena a los “malos” es limitar el entendimiento de este principio. El acto de justicia se relaciona más bien a darle a cada quien lo que corresponde.

El tiempo permite redondear las indeterminaciones de la historia, conciliar ideas o hechos que parecen contradictorios/paralelos y emitir juicios semi completos, pues la historia es un país desconocido en el que se actúa diferente. Evitemos pensar en ella como situaciones maniqueístas y arrojemos una mirada lúdica.

“Artífices y Avatares”, dijo en este sentido el autor, ha tratado de entender a Darío Pizano, la figura más mancillada y juzgada de esta historia. Este personaje ha sido el hilo conductor para desenredar los hechos de hace un siglo. Como emisario de las órdenes de otros interesados, Pizano es el personaje histórico que carga el sentido de los hechos, pues éstas inician y terminan con él, más no es el de la culpa, si es que podemos hablar en estos términos.

En la presentación fue revelada la afición poética del “bandolero” por parte de los Pizano, quienes pedían justicia para el honor familia. En cuanto a esto Orttol no da pie a pensar que el sentido poético del jefe de policías lo exima del caso, sin embargo, estos múltiples perfiles y contradicciones son lo que llevó al autor a escribir sobre un personaje de esta naturaleza.

3 –Cuan embrollados están los procesos históricos y políticos, no sé si más en México que en el mundo, pero al menos es más notorio. Parece ser que la verdad política se vuelve pronto y con autoridad en la verdad histórica, quien no parece estar dispuesta a dejar el lugar.

No quiero ni pensar entonces que la Historia oficial debe estar llena de sobrentendidos, censuras y escándalos mediáticos vueltos realidad. Con tantos casos de estos actualmente, no se puede ni imaginar cuál será el que quedará escrito, lo que es seguro es que debe volarse la barda.

Historia no es igual a verdad, como política no siempre significa bien común.

Política, como dice Orttol, es ese ente invisible presente en las relaciones históricas. Además motoriza el objeto de estudio de la Historia, que no es más que la civilización en acción a través de los años.

No hay que lamentarse de escándalos y corrupciones que pasaron hace 100 años, que se olviden. Hay que lamentarse porque no los hacen ahora, porque los siguen haciendo.

4 – En la carta de la Dra. Gloria Vergara a Servando Orttol, con motivo de la presentación del libro, la frase “un libro que revela el pasado y nos revela el presente”, define la motivación de los esfuerzos del autor para que esta obra resistiera las estampidas de la censura y la autocensura.

Así mismo, explica el sentido mismo del estudio y la investigación histórica.

Pongamos las circunstancias actuales de la obra en relación a las del caso en 1900. Lo que a mí me hace concluir es que los mecanismos de expresiones se están liberando de los martillos de la censura institucional. Un reconocimiento al autor por sortear los obstáculos de la historia oficial (así sin hache mayúscula) y la versión de los vencedores

También me queda claro que la obra nos deja entre dicho que la desinformación mediática, la censura institucional y las prácticas porfiristas, transportadas al caciquismo político actual, son fenómenos tan comunes y corrientes que acontecen en el más aislado y genérico de los casos, en los lugares más remotos de la nación, en cualquier momento de la historia y en contra de cualquiera.